-Eso
es verdad –dijo una liebre-. Pero si
el rey supiera lo que yo sé no escasearía
el agua en su palacio. Debajo del patio hay un manantial
de agua cristalina. Sólo tienen que levantar
una gran losa que hay en el centro.
-¡Oh! –dijo un oso-. Eso
es también mucha verdad. Pero vereis: el rey
posee el mejor huerto del país y no le produce
nada. La culpa es de una gruesa cadena de oro que da
tres vueltas al huerto bajo tierra. Si la quitase el
huerto daría fruto.
Cuando todos los animales se marcharon, Verdad bajó
del árbol y fue derecho al palacio.
Allí vió al rey que paseaba por el jardín
y que, sediento por el calor que hacía pedía
un vaso de agua a su criado.
-Me parece que en todo el reino no hay agua peor
que la mía –dijo el monarca al beberla-.
-Estais en lo cierto –dijo Verdad-.
Pero si me dejáis unos hombres que levanten
la losa que yo les diga, tendréis el agua mejor
del reino.
Así lo hicieron y al instante brotó un
manantial de agua fresca y cristalina. Entonces el rey,
agradecido, invitó a Verdad a quedarse a vivir
en palacio.
En cierta ocasión en que se hallaba Verdad paseando
por el huerto con el rey, le dijo el monarca:
-Este es el peor huerto del reino.
-Cierto, señor –dijo Verdad-,
pero si me dáis permiso para sacar la cadena
enterrada bajo el huerto, será el más
productivo del país.
Así fue, y el rey colmó de honores y
riquezas a Verdad. |